¿Es el Señor de mi vida sentimental y sexualidad?

No es un secreto para nadie que nos toca vivir en una época cuando la moral y la ética están absolutamente en crisis, más que nunca antes en la historia del mundo. Este es un “presente siglo malo”. (Gálatas 1:4), rebelde, inmoral, erotizado, donde el “Humanismo”, (que exalta al HOMBRE y desplaza a Dios) ha subyugado a las multitudes y una “Nueva Moralidad” se ha entronizado en las culturas de las naciones, haciendo burla de la verdad eterna de Dios.

No es nada fácil vivir como “Hijos de Luz”. (Efesios 5:8) y como ciudadanos del Reino de Dios, cuando las tinieblas han movilizado todo su perverso ejército para presionar, tentar, maniobrar, explotar y atormentar a los cristianos para exterminarlos. Claro, "la Luz" le molesta a las tinieblas.

Para lograr esto se ha reforzado su estrategia contra una parte muy vulnerable del ser humano: Los sentimientos. Este tema es muy amplio pero aquí vamos a dirigirnos especialmente a los jóvenes (y a los no tan jóvenes) y vamos a referirnos específicamente a los sentimientos que atraen a un hombre y una mujer y los llevan a unir sus vidas, o en palabras más simples, a la atracción de los sexos.

En medio del caos moral que nos rodea, Dios está levantando un Pueblo Santo, vigoroso y pujante para que SU fuerza, pueda no solo resistir el avance de esta espesa ola de barro inmundo, sino que arremeta contra ella en el invencible poder del Espíritu Santo.

Bajo el señorío de Cristo, nuestro estilo de vida es muy diferente al del reino de las tinieblas. Es un estilo coherente, fuerte, bendecido, hermoso.

Ante toda tentación que nos ofrezcan los otros de claudicar de nuestra manera de vivir, debemos poder decir con “santo orgullo” (si así lo pudiésemos llamar a este privilegio): ¡NO!. ¡Ese no es mi estilo de vida!. ¡Yo obedezco a Dios y eso me hace feliz, me da paz, fortaleza y seguridad!. ¡Yo he encontrado el verdadero sentido de la vida!”.
Veamos pues, primero:

LA OBSESIÓN SEXUAL DE NUESTROS DÍAS
• Hay dos actitudes extremas y erróneas en cuanto al sexo:
- Es malo, impuro, vergonzoso, “tabú” (aún hoy hay quienes piensan que el “pecado original” fue el acto sexual entre Adán y Eva).

- Exaltación del sexo como lo más importante de la vida, algo imprescindible e indomable que debe impregnar el pensamiento, las conversaciones, etc.
O sea,
o Un extremo, la REPRESIÓN.
o Y el otro extremo, la OBSESIÓN.

Pero Dios contesta a esto que el sexo es:
o Santo, puro y hermoso.
o Él lo inventó para nuestra felicidad.

• Nuestra cultura está saturada de sexo.
A donde quiera que uno vaya el sexo se insinúa, muy especialmente en los medios de comunicación masiva. Por todas partes se ve un indebido énfasis en la atracción sexual:
- Televisión.
- Internet.
- Carteles.
- Gráfica.
- Cine.
- Propagandas
- Telenovelas y películas
- Programas “culturales”.
- Etc.

En la literatura: En los libros (best-sellers), revistas, poesías, etc.

En la música: Dice Tim La Haye: “La música tiene un efecto mayor sobre las emociones humanas de lo que la gente cree, pues puede vigorizar, levantar el ánimo, deprimir, etc.”. Insinúa y excita. Hay una gran carga de sensualidad en la música y canciones modernas, en la voz y ademanes de los cantantes, en las letras de ciertas canciones. Un gran porcentaje de los cantores son libertinos, inmorales, drogadictos, ocultistas y comunican ese espíritu a través de sus canciones en recitales, CD. DVD, etc.

En el comercio: Pareciera que nada puede venderse sin propaganda sexual.
En las modas de vestir, tanto en los varones como en mujeres se ven indecencias. Pero especialmente en las mujeres abundan Escotes, transparencias, tajos, lencería, trajes de baño, etc.

• En los conceptos imperantes:
- Al que controla su sexualidad, dicen que es un “reprimido”.
- Al que defiende la virginidad o el matrimonio, se lo trata de “retrógrado”.
- La joven que no tiene experiencia sexual, dicen que es una “nena”, no es “mujer”, etc.
- Dice que es anticuado decir “mi esposo o esposa”. Dicen que se debe decir “mi pareja”.
- Cuando pecan dicen que no es pecado, sino que es una manera diferente de amar o “el amor en otras expresiones”.

• La actitud imperante: liviandad o impureza (concupiscencia).
Todos estamos familiarizados con la tremenda liviandad con que la juventud en general se toma las cosas sentimentales y la relación entre los sexos.
Por ejemplo:
- En las novelas, a la tarde se conocen, a la noche están fornicando.
- Los muchachos y las chicas se creen en la obligación de “conquistar” y poder gloriarse en sus conquistas. Cuantas más conquistas, más “status”.

- En las conversaciones y en el lenguaje, en las miradas y comentarios, en los chistes y bromas, en los espectáculos y programas, son constantes las alusiones impuras al sexo.

• La presión del ambiente
Vivimos y nos movemos en este ambiente impuro, contaminado, enrarecido, errado. El ambiente nos presiona y puede llegar a:
- Contagiar.
- Perturbar.
- Confundir.

Alguien dijo: “Nadie puede ser estimulado en lo sexual las 24 hs del día sin que, al fin de cuentas, ser arrastrado por el torbellino. Nadie puede mirar las brasas… sin que los ojos le ardan”.
Por eso es necesario que cada joven creyente tenga muy claros y muy firmes sus conceptos acerca de todo lo que hace al sexo y a los problemas sentimentales.

LAS PREMISAS DE LA NUEVA MORALIDAD
Esta filosofía propagada por unos pocos (antropólogos, científicos, profesionales vanguardistas), engaña porque toma verdades del cristianismo, pero las lleva a los extremos. He aquí en forma resumida sus premisas:
- Enfatiza la importancia del (falso) “amor”.
- Enfatiza la importancia de los “derechos” de todo individuo.
- Enfatiza la importancia de la “libertad” de cada individuo.
- “Toda decisión” que haga un joven maduro y educado, o no (incluyendo las del sexo) es correcta y no debe discutirse.
- No hay un parámetro absoluto para decidir “lo que es bueno o lo que es malo”, depende de situaciones sociales, culturales, etc.

¿Dónde está la trampa aquí?
Pues estas premisas que aparentan ser buenas en su mayoría nos llevan a usar los siguientes criterios (o excusas) ante una acción cuestionable:
- Racionalidad: “No hay nada de malo en hacerlo”.
- Emoción: “Siento que lo debemos hacer, lo necesito. Lo hacemos por amor”.
- Estadísticas: “Todo el mundo lo hace”.
- Egoísmo: “Lo hago porque quiero, porque me da la gana”.
- Conciencia: “Mi conciencia no me molesta. No me acusa. Me siento bien”.
- Inocencia: “No sabía que era malo”.
- Consecuencia: “No le hace daño a nadie, sólo a mí”.
- Motivación: “Dios conoce mi corazón. El es bueno, no me juzga. Él perdona”.

¿Cuál es el parámetro del cristiano para saber si una cosa es buena o mala?
Como dice Bob Mumford en “Vino Nuevo”:

“LO MALO ES MALO, PORQUE DIOS DICE QUE ES MALO”.


LA SUPREMA VOCACIÓN DEL CRISTIANO
Hemos aprendido que la meta del creyente es llegar a ser “semejante a Cristo”. (Romanos 8:29). Una de las principales características de Cristo es la SANTIDAD.

• La santidad es la “marca de familia” en el Reino de Dios. (1º Pedro 1:15-16).
Pues entonces:
- Nuestra vocación es la santidad (apartados para Dios).
- Santos significa consagrados a Dios, dedicados a Dios.
- Filipenses 3:14 “supremo llamamiento de Dios”.
- 1º Corintios 1:2 “llamados a ser santos”.
- Romanos 1:7 “llamados a ser santos”.
- Efesios 1:4-5 “según nos escogió… para que fuésemos santos”.

• El Señor quiere santificar todas las áreas de nuestra vida (1º Tesalonicenses 5:23-24):

- Espíritu: Parte de nuestro ser que es consciente y nos comunica con Dios.
- Alma: Parte de nuestro ser que es consciente y nos comunica con los demás, y es el asiento de tres cosas: Mente, emociones, voluntad.
- Cuerpo: Estuche que guarda los dos anteriores, receptor y comunicador con el mundo externo.

Por lo tanto, el Señor quiere santificar nuestra área sentimental y sexual, que involucra nuestro espíritu, alma y cuerpo.

BUSCANDO LA SANTIDAD Y PUREZA EN NUESTRA VIDA SENTIMENTAL

Tener pensamientos correctos y puros. Si notamos que en nuestro corazón hay temor, repugnancia, rechazo, atracción excesiva, deleite y excitación obsesiva, entonces busquemos honestamente la causa.

Sometamos nuestra mente al señorío de Cristo y a la influencia limpiadora del Espíritu Santo.

• Busquemos la información en fuentes correctas y limpias:

- Los padres: Lo ideal es poder preguntar y conversar francamente con ellos. Pero si esto no es posible o insuficiente, hay otros recursos.

- Los “Referentes del Cuerpo” de la Iglesia: Pastores, diáconos, maestros, obreros fieles, cristianos (hombres y mujeres) de buen testimonio.

- Profesionales cristianos comprometidos con el Reino de Dios: Médicos, psicólogos, etc.

- Buenos libros (hay muchos) : Tener mucho cuidado con las lecturas. Evitar todo lo que notamos que excita sexualmente.



• Vigilar el lenguaje y las conversaciones:

- Todo lenguaje o conversación maliciosa o de “doble sentido” debe ser eliminado del vocabulario del creyente.

- Somos “sal y luz” de la Tierra. Esto parece obvio, pero lamentablemente, en el mundo cristiano circulan bromas “contaminadas” (por ejemplo, hacer cargadas con el marido o esposa de otro). (Efesios 5:3-4; Colosenses 3:8; Proverbios 3:34). Hay que Guardar Santo Respeto sobre este tema. Hablar de él con sencillez y pureza como en el lenguaje bíblico.

• Cuidar los ojos y la imaginación:

- Alguien dijo “No es pecado la primera mirada, sino la segunda”.

- Cuidemos nuestra imaginación, el soñar despiertos, los diálogos internos. No dejemos que ellos nos gobiernen.

- Es bueno practicar deportes, caminatas, natación, bicicleta, etc. e ir a dormir cansados físicamente, conciliar rápido y sanamente el sueño y no dar lugar ni ocasión a que el insomnio nos lleve por senderos peligrosos.